viernes, 27 de febrero de 2009

Testimonio de una madre

Vanesa, mamá de Lucas Gullace (de tres años), nos cuenta que su hijo nació con fórceps. Por mala praxis, le quebraron el cráneo y esto le provocó una hemorragia cerebral y una convulsión a las siete horas de vida. Por eso, estuvo en el servicio de neonatología casi 40 días y hoy tiene retraso madurativo general y epilepsia.
“Él va al colegio y camina con un andador, puede hacer algunas cosas, pero le falta la iniciativa. Hace nada más que tres meses empezó a hacer equinoterapia y si bien todavía no habla, cuando uno le dice que va a ver a Corralito -el caballo con el que él trabaja- , empieza a relinchar como él”, relata Vanesa.
“Cuando se baja del caballo, está mucho más erguido y camina sin el andador dos cuadras. Termina la sesión sumamente estimulado. La verdad es que uno no sabe hasta dónde va a poder llegar Lucas o si algún día va a poder hablar, pero yo lo veo montado al caballo, disfrutando como loco y eso, como mamá, me pone muy feliz”.
Vanesa explica que a veces los padres de chicos con necesidades especiales suelen olvidarse de que también son niños que tienen que jugar y no sólo ser estimulados todo el tiempo. Por eso, cuando Lucas está con Corralito siente que él esta feliz al tiempo que realiza grandes progresos. “Es como si fuera al pelotero y además, le hace muy bien”, compara.

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